
Querido hijo.
Tus 13 años son tiernos como los besos y achuchones que nos damos cada día. Hoy, verte con un cigarro entre tus manos queriendo ser y parecer mayor de lo que eres, me ha partido el alma. No lo buscaba. ¡Es tan fácil cerrar los ojos para no ver lo que no se quiere ver!
Mi sensación es como si hubieras abierto una puerta que no tienes que abrir hasta dentro de algunos años, cuando esta vida tan difícil que te ha tocado vivir, te haya dado las herramientas suficientes para ser capaz de elegir libremente y no caer presa de la esclavitud de la nicotina y de todos esos venenos que añaden para hacerte más dependiente y manipulable aún. Un alineado más de la sociedad.
Yo siempre he pensando que el amor de una madre es capaz de mover montañas y quiero seguir creyéndolo. Entonces te pido, desde este rincón tranquilo y propio, que tomes consciencia, a pesar de tu edad, de esta condena a la que te estás sometiendo y pares, rotundamente, de una vez y por todas. ¿Es posible volver a recuperar mi confianza en tí?
El tabaco es solo una muestra de esos pasos equivocados que estás dando. Hay una vida entera por delante para ti llena de alegrías, salud, deporte, disfrute, naturaleza... Sólo tú puedes elegir entre esto y volcar escupitajos negros y sanguinolentos cada mañana cuando te levantes; o toser hasta que la garganta se te salga por la boca; o verte sentenciado a una quimioterapia porque el tumor de tus pulmones no para de crecer; o dejarte enchufar a una máquina para que te permita respirar el aire que hoy en día te está empezando a robar el tabaco.
Este puede haber sido el principio pero ser también el final. Hoy, 17 de junio de 2010, es el día que recordarás toda el resto de tu vida en el que decidiste que suficiente sufrimiento hay en la vida como para añadirle uno más totalmente innecesario.
Te dejo unas terribles fotos que ilustran el final del camino que, confío, decidas abandonar. Cuenta con todo mi amor para ayudarte a ello como sólo una madre puede hacer.
Te quiero. Y te quiero sano.
Mamá.
