miércoles, 3 de septiembre de 2014

Como si lo hubiera escrito yo...

Ya no tengo paciencia para algunas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porque llegué a un punto de mi vida en que no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere.
No tengo paciencia para el cinismo, críticas en exceso y exigencias de cualquier naturaleza. Perdí la voluntad de agradar a quien no agrado, de amar a quien no me ama y de sonreír para quien no quiere sonreírme. Ya no dedico un minuto a quien miente o quiere manipular.
Decidí no convivir más con la pretensión, hipocresía, deshonestidad y elogios baratos. No consigo tolerar la erudición selectiva y la altivez académica. No me ajusto más con la barriada o el chusmerío.
No soporto conflictos y comparaciones.
Creo en un mundo de opuestos y por eso evito personas de carácter rígido e inflexible. En la amistad me desagrada la falta de lealtad y la traición.
No me llevo nada bien con quien no sabe elogiar o incentivar. Las exageraciones me aburren y tengo dificultad en aceptar a quien no gusta de los animales. Y encima de todo ya no tengo paciencia ninguna para quien no merece mi paciencia.

Meryl Streep

lunes, 28 de abril de 2014

No tengo ideas. Apenas me acuerdo de tu nombre y sin embargo percibo tu olor antes de que entres. Me olvido de las palabras que me nombran  y de tu sabiduría y sin embargo recreo cada nota del piano de mis nostalgias. Alguien se acerca ufano y apaga la luz. Ah! No, es que me he muerto.

jueves, 17 de abril de 2014

Tiempo tras...

Ha pasado mucho tiempo desde que escribí mi última entrada en este blog que, en su momento, me permitió lanzar una cuerda entre la vida y mi realidad. Desde entonces, orgullosa estoy de ello, sólo he estado creciendo (si, también en centímetros a lo ancho que no a lo alto, ¡qué se le va a hacer!) y no he parado de aprender. Puedo decir que, a pesar de todo lo que me queda por mejorar, por seguir aprendiendo y por ser más buena persona, me siento en paz conmigo misma

Obviamente hay cosas que me gustaría que no fueran como son, especialmente en lo que se refiere a la vida de mis hijos, pero quiero entender que la historia de cada uno es eso, la historia de cada uno y que, por mucha madre que yo sea, no puedo interferir en los caminos que cada uno de ellos decida elegir. Han dejado de ser niños para iniciar su entrada en la edad adulta que deberán moldear según estimen.

Ellos sabe que yo estoy aquí. Intento ser coherente entre lo que digo y lo que hago, aunque a veces me desvíe un pelín (¡soy humana!) Poco más puedo hacer. Y estoy tranquila.