A las puertas del juicio por la guardia y custodia de mi hijo pequeño, me pregunto si todo esto ha merecido realmente la pena. No tengo ninguna garantía de que la cosa salga bien ni tampoco que esté bien y para quién. Sé que he hecho lo que tenía que hacer y que, como ser humano que soy, me habré equivocado en algún momento pero siempre he actuado por el bien de mis hijos (o así por lo menos lo he creido).
Cada día es una incógnita de qué nuevo truco, trampa o mentira aparecerá en mi camino. Antes me revolvía, me indignaba, me exasperaba… No más. La vida viene como tiene que venir y todo sirve para aprender. Me pregunto si será parte de un mecanismo de defensa por intentar sobrevivir después de todo el sufrimiento que ha supuesto la defensa de los intereses e integridad de mis dos hijos, pero es lo que hay.
Me presento al juicio con mucha calma y, espero que, sin una brizna de rencor. El rencor hace daño, carcome, deteriora y amarga. En la paz es mucho más fácil transmitir el mensaje y dejar que la energía positiva transite sin obstáculos.
Escribo como un robot precavida por las amenazas invisibles que me acosaron y me acosan, pensando que llegará un día en que todo esto acabará. ¿Las fuerzas del universo nos colocarán a cada uno en su sitio?
lunes, 7 de junio de 2010
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