La mayor de las frustaciones llega cuando tus expectativas no coinciden con la realidad. Pero ¿qué realidad? No existe una realidad única. Existen tantas realidades como personas en el mundo, momentos por los que atraviesas y, supongo, nivel de azúcar en la sangre. Esperas llegar a casa y que tu hijo adolescente se eche a tus brazo diciéndote lo que te ha echado de menos. Pero no lo hace, entre otras cosas porque no vive contigo.
Esperas que ese que se hace llamar amigo tuyo te llame ese fin de semana que sabe que tú estás sola, sola y no muy animada. Pero no llama. No da señales de vida. Nunca lo hace cuando lo esperas.
Esperas que tu energía no se reduzca nunca porque crees que si te paras, moriras. Pero tu energía se reduce y tu no te mueres. Nunca te mueres.
Así llegas a esa frutración permanente y, a la larga, al resentimiento.
Es la escalera a ninguna parte.

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