
Desde que se estrenara, el pasado viernes, la cuarta entrega de la saga Torrente, se han recaudado más de 8 millones de euros. Eso nos da una idea del lamentable estado en el que se encuentra la sociedad española. Con más de 4 millones de parados, con una desigualdad latente entre hombres y mujeres y con una de las tasas de fracaso escolar más altas de Europa, nosotros, los españoles, somos devotos de películas que demuestran, una vez más, lo bajo que se puede llegar a caer.
Yo no he visto la película ni pienso ir a verla. Ví la primera y me fue suficiente. Basta. ¿Esa es la divulgación que somos capaces de hacer en este país? Estamos enfermos de educación, de formas, de principios, de respeto. Películas como Torrente no vienen sino a afianzar la zafiedad en la que nos hemos ido acomodando como recurso para evitar pensar en lo mal que estamos. Me parece una falta absoluta de responsabilidad general. Necesitamos mejorar, formarnos, aprender, crecer… y eso es todo lo contrario de lo que muestran películas como éstas. ¿Este es el modelo de vida que queremos difundir entre la sociedad de este país?
Mis hijos se ríen de mí y me dicen que es “una peli muy cachonda” y yo les pregunto ¿que hay de cachondo en vejar tanto a la condición humana?. No tengo dudas de la capacidad intelectual de personajes manipulables como “el paquirrín”, “la Esteban”, “el cotos”, “la Obregón” o “el khun agüero” pero me cuesta creer que no vayamos a poder tener una esperanza en líderes mediáticos como el propio Santiago Segura, Pablo Motos o José Mota a los que les doy un mínimo de formación general básica ¿Qué queremos enseñar realmente a los que nos van a relevar?
Lamentable es la película pero más lamentable es que la sociedad española se vanaglorie de horteradas y ordinarieces como ésta. Somos el país europeo con la menor tasa de lectura; los medios de comunicación escrita que más se leen son Marca y Hola, y los programas que más se ven son los reality show y los del corazón. Ver la televisión es una constante muestra de la capacidad asesina del ser humano, en todas sus vertientes y en todas las cadenas. De verdad,
¿tan enfermos estamos, Doctor?

2 comentarios:
¿Hasta qué punto debemos conocer algo para juzgarlo? A ti no te ha hecho falta, sin duda, pero quienes deambulamos por la acera de los tibios preferimos juzgar -como se dice- con conocimiento de causa. ¿O acaso no será sino una coartada para no tener que juzgar?
Por lo que se puede leer en esta entrada, no haces más que aportar otra gota a ese torrente de ignorancia.
Pues sin conocer te atreves a juzgar. Y eso, de la Esteban, te separan los estudios que tus padres te hayan podido pagar. Salvo eso, sois iguales.
Así jamás serás capaz de entender tanta majadería, si es realmente lo que te interesa.
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