lunes, 3 de mayo de 2010

Maniobrando


Hoy nos han hecho entrega de los diplomas del Curso Superior de Liderazgo y Mujeres que estoy haciendo en la Escuela de Negocios Aliter. Como todo lo que ha venido sucediendo durante los 9 meses del curso, aunque tremendamente interesante, un poco desastre. Cómo le cuesta a la gente organizar eventos y que esté todo controlado. Es un arte y, como tal, debería ser desarrollado por profesionales.
Bueno, los ponentes de las distintas mesas han sido relativamente interesantes (aunque no han descubierno nada nuevo); la premiada, Mónica de Oriol, emotiva; nuestra compañera - de la que ahora no recuerdo el nombre, brillante y la organización, como ya he dicho, un desastre (como el café)

En medio de la jornada, como no podía ser de otra forma, llamada del colegio; no puedo cogerlo. Mando un sms a la secretaria para preguntar qué pasa. Me contesta: tu hijo ha devuelto dos veces y quiere que vengas a buscarle. ¡Hoy si que ya es imposible! Puede que sea la décimo quinta vez que me inquiere para que le contacte (ya sea por comportamiento, porque se encuentra mal, porque me echa de menos...) Tiene 13 años, una vida demasiado complicada para su edad y una situación personal que nos está desquiciando a los que, de verdad, le queremos.

Hoy he mantenido el tipo: "que se tome una manzanilla, que haga respiraciones y que, en cuanto pueda, voy a buscarle. Que recuerde que hoy me dan las ´notas´de mi curso y necesito que me apoye". No hay respuesta. Puedo recoger el diploma. El acto se ha alargado más de la cuenta y yo estoy de los nervios. Proponen ir a tomar algo todas las que hemos realizado el curso. No sé si tendré que ir corriendo hacia Renfe o hacia el intercambiador de Moncloa. En ese momento la secretaria me manda otro SMS: "está jugando en el patio tan ricamente. Ni te preocupes". Respiro.


No puedo ir con las compañeras, la empresa me reclama. Vuelvo corriendo al despacho. Algunos temas encima de la mesa y el equipo a tope. Hoy se ha incorporado Laura. A penas la he podido saludar.

Comida rápida en la cocina de la oficina y puesta al día de la jornada. Tenemos que hacer malabarismos en el aire para ajustar trabajo tras la entrada de un nuevo cliente. ¿Cómo hacerlo para que todo el mundo esté contento y se reparta equitativamente el trabajo? Siempre hay alguna que se siente discriminada, marginada o sin ser escuchada. Mi socia y yo damos mil vueltas a todas las posibilidades y pactamos la mejor "venta" de la solución. Parace que funciona. Mañana tenemos la segunda parte; va a ser duro.

Salgo corriendo de la oficina. Hoy he perdido el bus de las 16:30 pero llego al de las 17:00. Mi hijo esperará 10 minutos con sus amigos en la puerta del colegio pero no le puedo avisar con mucho tiempo para que no haga planes "inadecuados". Recientemente conoció al grupo de los malotes del cole, todos mayores que él, y siente tentaciones de seguirles los pasos. Ya ha probado el tabajo y una jugarreta le acercó también a los porros. Hay que estar con mil ojos aunque no esté a su lado. ¡No hay puntada sin hilo!

Llegamos a casa y mañana hay examen de lengua. Hemos estado este finde preparándolo pero nos sabemos la teoría pero no su puesta en práctica. Le leo frases de la filosofía de Michel Jordan sobre el esfuerzo y la superación y, así, logró que se anime a hacer muchas frases de análisis. A última hora recurro a mi hermana, filóloga y vecina, para que remate. ¡Vivan las familias bienavenidas!

Y, ya de cierre, aunque por el camino he hecho una ensalada de lujo, hemos paseado al perro, he contestado todos los emails pendientes y hemos dejado todo preparado para mañana que será otro día (y parece que seguirá el frío, merde!!!)

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