Nota del colegio sobre el mal comportamiento de mi hijo pequeño. No es la primera, ni la segunda... tal vez ni la número 25. Rara vez reconoce su responsabilidad y siempre es culpa de otra persona. El colegio presiona, el niño - al que se le junta adolescencia, dualidad de modelos educativos entre sus padres y ciertos desajustes de comportamiento- es una bomba de relojería.
A veces, me sorprendo a mí misma de mi santa paciencia y de mi autocontrol porque esto se hubiera resuelto con una bofetada, castigado un finde sin salir y sin cena con su padre. Pero... nada de esto es posible.
Ahí lo tengo. Tumbado en mi cama tentando a la suerte y provocando. Y, el gran dilema ¿qué hacer?
El sabe el poder que tiene. Basta un mensajito a su padre para que monte en cólera e insista en que castigar a su hijo es una prueba más de maltrato. ¿Cómo se puede, entonces, educar?
Me acuerdo cuando tenía cuatro o cinco años que fui con mi madre y una amiga suya a comprar un regalo para la hija de una amiga común. Yo, obviamente, quería otro para mi, pero no había motivo ni razón. Recuerdo una rabieta del treinta y siete. Mi madre, impávida, asistía a mi actuación sin intervenir y sin hablar. Es de esos momentos en los que un azote hubiera sido el más rápido atajo pero, no sé bien la razón, me dejó a solas con mi rabieta y, cuando hubo terminado, marchamos.
Lo recordaré toda la vida a pesar de mi poca edad. Entonces ¿cuál es la clave de una acertada actuación?
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1 comentario:
¿Paciencia? ¿los ánimos de tus amigas? ¿saber que muchas madres están en tu misma situación? por si sirve :) bss
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